Joel 2
[1] Toquen la trompeta en Sión, resuenen en mi monte santo, tiemblen todos los habitantes del país, porque el día del Señor está ya cerca:
[2] día de tinieblas y de oscuridad, día de nubarrones y de densa niebla. Un pueblo innumerable y poderoso se extiende como la aurora sobre las montañas. No hubo otro antes como él ni se verá jamás otro igual.
[3] Lo precede un fuego que consume, lo sigue una llama que devora. Antes de él, la tierra era un paraíso, después de él, un desierto desolado, porque nada se le escapa.
[4] Su aspecto es como el de los caballos, corren como los corceles;
[5] su estruendo como el de carros de guerra sobre las cimas de las montañas, como el ruido del fuego que devora la hojarasca, como una tropa potente preparada para la batalla.
[6] Ante esto, los pueblos se atemorizan, todos los rostros palidecen.
[7] Se lanzan como valientes, como guerreros escalan las murallas; cada uno avanza en su puesto, sin desviarse de su línea;
[8] nadie estorba a su compañero, cada cual va por su ruta; pasan enfrentándose a las flechas sin romper la formación.
[9] Asaltan la ciudad, escalan las murallas, trepan por las casas y penetran como ladrones por las ventanas.
[10] Ante ellos tiembla la tierra, se estremecen los cielos, el sol y la luna se oscurecen, pierden su brillo las estrellas.
[11] El Señor hace oír su voz al frente de su ejército; porque sus batallones son incontables, poderoso el encargado de ejecutar su palabra; sí, grande es el día del Señor, muy terrible: ¿quién podrá resistirlo?
[12] Pero ahora, oráculo del Señor, conviértanse a mí de todo corazón, con ayunos, lágrimas y llantos.
[13] Desgarren su corazón, no sus vestiduras; conviértanse al Señor, su Dios, porque él es clemente y misericordioso, lento a la ira, rico en amor y siempre dispuesto a perdonar.
[14] Quizás sí los perdonará una vez más y los bendecirá de nuevo, permitiendo que presenten ofrenda y libación al Señor, su Dios.
[15] ¡Toquen la trompeta en Sión, proclamen un ayuno, convoquen una asamblea,
[16] reúnan al pueblo, purifiquen la comunidad, congreguen a los ancianos, reúnan a los pequeños y a los niños de pecho! Deje el recién casado su habitación y la recién casada su cámara nupcial.
[17] Entre el patio del templo y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, diciendo: «Perdona, Señor, a tu pueblo, y no entregues tu nación al desprecio, a la burla de las gentes. Por qué han de decir los paganos: ¿Dónde está su Dios?»
[18] El Señor se apiadó de su tierra, y perdonó a su pueblo.
[19] El Señor respondió a su pueblo: «Yo les voy a enviar trigo, aceite y vino nuevo en abundancia, y no los entregaré más al desprecio de las naciones.
[20] Alejaré de ustedes al enemigo del norte, lo arrojaré a una tierra árida y desolada; su vanguardia al mar Muerto, al mar Mediterráneo su retaguardia. Y subirá su mal olor, se extenderá su fetidez, porque ha hecho grandes cosas».
[21] No temas, tierra de cultivo, salta de gozo, alégrate, porque el Señor ha hecho grandes cosas.
[22] No teman, animales del campo; los pastos de la llanura reverdecen, los árboles producen su fruto, hay higos y uvas en abundancia.
[23] Y ustedes, habitantes de Sión, salten de gozo, alégrense en el Señor su Dios, porque él les dará la lluvia necesaria en otoño, y hará que les caigan como antes, las lluvias de otoño y primavera.
[24] Los campos se llenarán de trigo, las bodegas se llenarán de aceite y vino nuevo.
[25] Yo los compensaré por los años en que fueron devorados por la langosta y el gusano, por la oruga y el saltamontes, el gran ejército que envié contra ustedes.
[26] Comerán en abundancia hasta saciarse, y alabarán el nombre del Señor su Dios, que ha hecho maravillas con ustedes. Jamás mi pueblo volverá a ser humillado.
[27] Reconocerán que yo estoy en medio de Israel, que yo soy el Señor, su Dios, y que no hay otro. No, mi pueblo no volverá a ser humillado.