Skip to content
Opens in a new window
Listen to this chapter • 6:06

[1] Les aseguro que quien no entra por la puerta al corral de las ovejas, sino por cualquier otra parte, es ladrón y bandido.

[2] El pastor de las ovejas entra por la puerta.

[3] A éste le abre el guardián para que entre, y las ovejas escuchan su voz; él llama a las suyas por su nombre y las saca fuera del corral.

[4] Cuando han salido todas las suyas, se pone al frente de ellas y las ovejas lo siguen, pues conocen su voz.

[5] En cambio, nunca siguen a un extraño, sino que huyen de él, porque su voz les resulta desconocida.

[6] Jesús les puso esta comparación, pero ellos no comprendieron su significado.

[7] Entonces Jesús continuó diciendo: –Les aseguro que yo soy la puerta por la que deben entrar las ovejas.

[8] Todos los que vinieron antes que yo, eran ladrones y bandidos. Por eso, las ovejas no les hicieron caso.

[9] Yo soy la puerta. Todo el que entre en el corral de las ovejas por esta puerta, estará a salvo, y sus esfuerzos por buscar el alimento no serán en vano.

[10] El ladrón va al rebaño únicamente para robar, matar y destruir. Yo he venido para dar vida a los hombres y para que la tengan en plenitud.

[11] Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas;

[12] no como el jornalero que ni es verdadero pastor ni propietario de las ovejas. El jornalero cuando ve venir al lobo, las abandona y huye. Y el lobo las arrebata y las dispersa.

[13] El jornalero se porta así, porque trabaja únicamente por el sueldo y no tiene interés por las ovejas.

[14] Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí;

[15] lo mismo que mi Padre me conoce a mí, yo lo conozco a él y doy mi vida por las ovejas.

[16] Pero tengo otras ovejas que no están en este rebaño; también a éstas tengo que atraerlas, para que escuchen mi voz. Entonces se formará un rebaño único, bajo la guía de un solo pastor.

[17] El Padre me ama, porque yo doy mi vida para recuperarla de nuevo.

[18] Nadie tiene poder para quitármela; soy yo quien la doy por mi propia voluntad. Yo tengo poder para darla y para recuperarla de nuevo. Esta es la misión que recibí de mi Padre.

[19] Estas palabras de Jesús fueron la causa de una nueva división de opiniones entre los judíos.

[20] Muchos decían: –Está poseído por un demonio, está delirando. ¿Por qué lo escuchan?

[21] Otros, en cambio, decían: –Sus palabras no son las de un endemoniado. ¿Podría un demonio dar la vista a los ciegos?

[22] Era invierno. Se celebraba en Jerusalén la fiesta que conmemoraba la dedicación del templo.

[23] Jesús estaba en el templo, paseando por el pórtico de Salomón.

[24] En esto, se le acercaron los judíos, lo rodearon y le dijeron: –¿Hasta cuándo vas a tenernos en suspenso? Si eres el Cristo, dilo claramente de una vez.

[25] Jesús les respondió: –Ya les dije con toda claridad y no me han creido. Las obras que yo hago por encargo de mi Padre dan testimonio de mí;

[26] ustedes, sin embargo, no me creen, porque no pertenecen a las ovejas de mi rebaño.

[27] Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen.

[28] Yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre; nadie puede arrebatármelas.

[29] Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos, y nadie puede arrebatárselas.

[30] El Padre y yo somos uno.

[31] Los judíos volvieron a tomar piedras para tirárselas.

[32] Jesús les dijo: –He hecho ante ustedes muchas obras buenas por encargo del Padre. ¿Por cuál de ellas quieren apedrearme?

[33] Los judíos le contestaron: –No es por ninguna obra buena por lo que queremos apedrearte, sino por haber blasfemado. Pues tú, siendo hombre, te haces Dios.

[34] Jesús les respondió: –¿No está escrito en su ley: Yo les digo: ustedes son dioses?

[35] Pues si la ley llama dioses a aquellos a quienes fue dirigida la palabra de Dios, y lo que dice la Escritura no puede ponerse en duda,

[36] entonces, ¿con qué derecho me acusan de blasfemia sólo por haber dicho «­yo soy Hijo de Dios», a mí, a quien el Padre consagró y envió al mundo?

[37] Si yo no realizo obras iguales a las de mi Padre, no me crean,

[38] pero si las realizo, acepten el testimonio de las mismas, aunque no quieran creer en mí. De este modo reconocerán que el Padre está en mí y yo en el Padre.

[39] Así pues, intentaron de nuevo detener a Jesús, pero él se les escapó de entre las manos.

[40] Jesús se fue de nuevo a la otra orilla del Jordán, al lugar donde anteriormente había estado bautizando Juan, y se quedó allí.

[41] Acudía a él mucha gente, que decía: –Es cierto que Juan no hizo ningún signo, pero todo lo que dijo acerca de éste era verdad.

[42] Y en aquella región muchos creyeron en él.

Juan — Chapters