[1] Oración del profeta Habacuc, con melodía de una lamentación.
[2] ¡He oído tu mensaje, Señor, he visto lo que has hecho! ¡Vuelve a actuar en nuestro tiempo, date a conocer en nuestros días, y aunque estés enojado, no te olvides de tener compasión!
[3] Dios viene de Temán, el Santo del monte Farán. Su majestad cubre los cielos, la tierra está llena de su gloria.
[4] Su resplandor es como la luz, sus manos despiden rayos, allí se esconde su fuerza.
[5] Delante de él avanza la peste, la fiebre sigue sus pasos.
[6] Cuando él se detiene, tiembla la tierra; cuando él las mira, se estremecen las naciones, las montañas eternas se desmoronan y se hunden las antiguas colinas. A él pertenecen los caminos eternos.
[7] He visto las tiendas de Cusán reducidas a la nada, tiemblan de espanto las carpas de Madián.
[8] ¿Arde, Señor, tu ira, contra los ríos, o contra el mar tu furor, cuando montas en tus caballos, en tus carros victoriosos,
[9] cuando desenfundas tu arco, y llenas su cuerda de flechas? Agrietas la tierra con torrentes;
[10] al verte se estremecen las montañas, cae una lluvia torrencial, el abismo deja oír su voz y levanta sus manos a lo alto.
[11] El sol y la luna permanecen en su sitio, ante el resplandor de tus flechas veloces, ante el brillo resplandeciente de tu lanza.
[12] Recorres la tierra enfurecido, machacas a las naciones con tu ira.
[13] Saliste a salvar a tu pueblo, a salvar a tu ungido; destrozas la casa del impío, dejas al descubierto sus cimientos.
[14] Con tus propias flechas has atravesado la cabeza de sus jefes, cuando, entre gritos de triunfo, se lanzaban impetuosos contra nosotros, como si fueran a devorar al pobre en su refugio.
[15] Recorres el mar con tus caballos, entre el ruido de aguas caudalosas.
[16] Al oírlo, mis entrañas se estremecen, mis labios tiemblan, un escalofrío recorre mis huesos, y tiemblan mis pasos. Sin embargo, espero tranquilo que venga el día de la angustia, sobre el pueblo que nos oprime.
[17] Aunque la higuera no eche sus brotes y no den su fruto las parras; aunque fracase la cosecha del olivo, y no produzcan nada los campos; aunque no haya ovejas en el corral y desaparezca el ganado del establo,
[18] yo me alegraré en el Señor, tendré mi gozo en Dios mi salvador.
[19] El Señor es mi señor y mi fuerza; él da a mis pies la agilidad de la cierva y me hace caminar por las alturas. Al maestro de coro. Para instrumentos de cuerda.