Skip to content
Opens in a new window
Listen to this chapter • 5:27

[1] ¡Ojalá disculpen un poco mi impertinencia! Ya sé que me tolerarán,

[2] pues mis celos por ustedes son celos de Dios, ya que los he desposado con un solo marido, presentándolos a Cristo como si fueran una virgen pura.

[3] Pero temo que, así como la serpiente engañó a Eva con su astucia, así también se perviertan los pensamientos de ustedes y los aparten de la sinceridad y pureza que le deben a Cristo.

[4] De hecho, si viene alguno y les anuncia a un Jesús distinto del que les hemos anunciado, o reciben un espíritu distinto del que recibieron, o un evangelio diferente del que han aceptado, lo toleran con gusto.

[5] ¡Pues creo que en nada soy inferior a esos superapóstoles!

[6] Y si carecemos de elocuencia, no nos faltan conocimientos, como lo hemos demostrado siempre a ustedes en las más diversas circunstancias.

[7] ¿Es que he cometido un pecado al anunciarles gratuitamente el evangelio de Dios, humillándome yo para que ustedes fueran engrandecidos?

[8] He tenido la sensación de despojar a otras iglesias al aceptar de ellas un salario para servirles a ustedes.

[9] Y cuando estaba con ustedes y me encontré necesitado, para nadie fui una carga; los hermanos procedentes de Macedonia fueron los que me atendieron en mis necesidades. He tenido gran cuidado en no ser para ustedes una carga, y seguiré teniéndolo.

[10] Por Cristo en quien creo les aseguro que nadie en todas las regiones de Acaya me arrebatará este motivo de orgullo.

[11] ¿Acaso me comporté así porque no los amo? Bien sabe Dios que los amo.

[12] Y si continúo haciendo esto que hago, es con el fin de no dar motivo alguno a quienes buscan ese pretexto para gloriarse de ser como nosotros.

[13] Porque esos tales son falsos apóstoles, trabajadores mentirosos que se disfrazan de apóstoles de Cristo.

[14] Y no es de maravillarse, ya que si el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz,

[15] parece natural que sus ministros se disfracen de agentes de la justicia. Pero les espera un final conforme a sus acciones.

[16] Les pido una vez más que nadie me tome por impertinente. O en todo caso acéptenme como tal y permítanme que yo también me enorgullezca un poco.

[17] Y ya que de enorgullecerse se trata, lo que diré no procede del Señor, sino de uno que dice impertinencias.

[18] Pero son tantos los que se enorgullecen de honores humanos, que también yo me enorgulleceré.

[19] Porque ustedes, que se creen tan sabios, toleran con gusto a los necios.

[20] Toleran que los esclavicen, que los exploten, que los engañen, que los humillen, que los abofeteen.

[21] ¡Vergüenza me da haber sido tan respetuoso con ustedes! Pero a lo que cualquier otro se atreva –ya sé que hablo como un necio–, me atrevo también yo.

[22] ¿Son hebreos? También yo. ¿Israelitas? También yo. ¿Descendientes de Abrahán? También yo.

[23] ¿Ministros de Cristo? Voy a decir una impertinencia: más que ellos lo soy yo. Los aventajo en fatigas, en prisiones, no digamos en palizas y en las muchas veces que he estado en peligro de muerte.

[24] Cinco veces he recibido de los judíos los treinta y nueve golpes de rigor;

[25] tres veces he sido azotado con varas, una vez apedreado, tres veces he naufragado; he pasado un día y una noche a la deriva en alta mar.

[26] Los viajes han sido incontables; con peligros al cruzar los ríos, peligros provenientes de asaltantes, de mis propios compatriotas, de paganos; peligros en la ciudad, en despoblado, en el mar; peligros por parte de falsos hermanos.

[27] Trabajo y fatiga, a menudo noches sin dormir, hambre y sed, muchos días sin comer, frío y desnudez.

[28] Y a todo esto hay que añadir la preocupación diaria que supone la atención a todas las iglesias.

[29] Porque ¿quién se debilita sin que me debilite yo? ¿Quién se encuentra en ocasión de pecar sin que un fuego interior me devore?

[30] Aunque, si es necesario enorgullecerme, me enorgulleceré de mis debilidades.

[31] El Dios y Padre de Jesús, el Señor –¡sea bendito por siempre!– sabe que no miento:

[32] estando yo en Damasco, el gobernador del rey Aretas puso guardias en la ciudad de los damascenos con orden de arrestarme,

[33] y por una ventana me descolgaron por el muro en una canasta, escapando así de sus manos.

2 Corintios — Chapters