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Hoy recordaremos las hazañas del guionista Luis Peñafiel aunque era más conocido como director de cine fantástico y de terror o realizador de entretenidos programas televisivos. Hoy hablaremos de Narciso Ibáñez Serrador.
El pequeño Chicho nació el 4 de julio de 1935 en Montevideo. Hijo único del director teatral, Narciso Ibánez Menta, y la actriz, Pepita Serrador, que era guapa de cartel de clínica privada pero más seca que julio en Sevilla. Sus abuelos paternos eran españoles y los dueños de una compañía de teatro que emigraron a Argentina en 1920 por eso Chicho dio más vueltas por Latinoamérica que Fernando Esteso persiguiendo una Sueca.
Chicho padecía de Púrpura Hemorrágica, que es como la hemofilia pero pa los pobres. Esta condición hizo que, por seguridad, pasara sus primeros años alejado de sus padres cuando se iban de gira, sin poder jugar con otros niños ni practicar deporte, porque si se hacía un rasguño convertía el patio del colegio en una escena de holocausto caníbal.
Cuando cumplió 5 años sus padres se separaron y Chicho se quedó con su madre que mu buena, mu santa pero más estricta que el padre de Michael Jackson.
Su primer papel en la industria audiovisual fue en 1943 en la película de Walt Disney Bambi, con tan sólo 8 años, siendo para toda hispanoamérica la voz de Tambor, el conejito que parecía que iba siempre hasta arriba de Colacao.
En 1947, con 12 años, se mudó a España con su madre. Como el niño había estado aburrido tanto tiempo se había leído hasta el manuscrito Voynich; el niño era más culto que el mayordomo de Batman así que la madre lo metió en el instituto de La Salle. Pero para ella eso no era suficiente, así que se lo llevaba al teatro y hacía como Amancio con la hija, lo ponía de acomodador, de taquillero, de árbol, antes de llegar a realizador.
A principios de la década de los 50 le dijo a la madre que se comprara un poto que él se iba a Egipto detrás de una chavalita, que no se preocupara, que el comía de tó.
Su carrera profesional empezó cuando volvió a Argentina a finales de los 50, aprovechando su talento como escritor de guiones y que su padre ya era como el Estiven Espilber de allí. En 1960 destacó con su primera serie de terror Obras Maestras de Terror pero la tele Argentina no le gustaba porque tenía menos calidad que los efectos especiales de Flash Gordon.
Así que a los 28 años regresó a España y se apuntó al INEM. A la semana lo llamaron y dijeron que había un puesto de trabajo en TVE y ya no lo vieron más ni por el SAE ni por el SEPE. Empezó adaptando el teatro a la TV con Estudio3 y siguió escribiendo series de terror y reciclando algunas de las que hizo en Argentina porque en 1965 a ver quién se iba a dar cuenta en España de que iba a cobrar dos veces por lo mismo.
En 1966 fue cuando dio el salto al éxito con una serie que daba más miedo que la dictadura, Historias para no dormir, aunque su consagración llegaría en 1972 no con el teatro, ni como guionista sino como creador de un espacio televisivo capaz de no chocar con la censura.
Nacía el Un, Dos, Tres. Pero como su padre confiaba menos en el proyecto que James Cameron en Titanic, Chicho no puso al principio su nombre en los créditos, por lo que pudiera pasar. Cuando se afianzó el éxito del programa añadió un “Y si algo falla el responsable es…Narciso Ibáñez Serrador, porque a toro pasao hasta el aguador es torero.
En esta época ya tenía papada pa 3 tortillas y las gafas de pasta gorda de quien se ha leído el manuscrito Voynich que luego cambiaría por unas finitas doradas, un fular y un puro.
Chicho siguió triunfando con otros programas como Waku, Waku, Hablemos de Sexo o el Semáforo aunque también es verdad que tampoco había mucho más en la tele para elegir.
Se casó, se rejuntó, se divorció, se separó y tuvo hijos con unas pocas, aunque a lo mejor no en el orden más respetuoso para sus parejas.
En 2012 le sacaron una foto que han puesto en Wikipedia que parece Papá Noel cuando le dicen lo que tiene que pagar ese trimestre de IVA.
Desgraciadamente, nuestro protagonista dejó de crear sueños el 7 de enero de 2019, a los 83 años, aunque ustedes siempre podrán recordarlo cada vez que conozcan a alguien que coma de tó o cuando alguien confíen menos en ustedes que James Cameron en Titanic.
El pequeño Chicho nació el 4 de julio de 1935 en Montevideo. Hijo único del director teatral, Narciso Ibánez Menta, y la actriz, Pepita Serrador, que era guapa de cartel de clínica privada pero más seca que julio en Sevilla. Sus abuelos paternos eran españoles y los dueños de una compañía de teatro que emigraron a Argentina en 1920 por eso Chicho dio más vueltas por Latinoamérica que Fernando Esteso persiguiendo una Sueca.
Chicho padecía de Púrpura Hemorrágica, que es como la hemofilia pero pa los pobres. Esta condición hizo que, por seguridad, pasara sus primeros años alejado de sus padres cuando se iban de gira, sin poder jugar con otros niños ni practicar deporte, porque si se hacía un rasguño convertía el patio del colegio en una escena de holocausto caníbal.
Cuando cumplió 5 años sus padres se separaron y Chicho se quedó con su madre que mu buena, mu santa pero más estricta que el padre de Michael Jackson.
Su primer papel en la industria audiovisual fue en 1943 en la película de Walt Disney Bambi, con tan sólo 8 años, siendo para toda hispanoamérica la voz de Tambor, el conejito que parecía que iba siempre hasta arriba de Colacao.
En 1947, con 12 años, se mudó a España con su madre. Como el niño había estado aburrido tanto tiempo se había leído hasta el manuscrito Voynich; el niño era más culto que el mayordomo de Batman así que la madre lo metió en el instituto de La Salle. Pero para ella eso no era suficiente, así que se lo llevaba al teatro y hacía como Amancio con la hija, lo ponía de acomodador, de taquillero, de árbol, antes de llegar a realizador.
A principios de la década de los 50 le dijo a la madre que se comprara un poto que él se iba a Egipto detrás de una chavalita, que no se preocupara, que el comía de tó.
Su carrera profesional empezó cuando volvió a Argentina a finales de los 50, aprovechando su talento como escritor de guiones y que su padre ya era como el Estiven Espilber de allí. En 1960 destacó con su primera serie de terror Obras Maestras de Terror pero la tele Argentina no le gustaba porque tenía menos calidad que los efectos especiales de Flash Gordon.
Así que a los 28 años regresó a España y se apuntó al INEM. A la semana lo llamaron y dijeron que había un puesto de trabajo en TVE y ya no lo vieron más ni por el SAE ni por el SEPE. Empezó adaptando el teatro a la TV con Estudio3 y siguió escribiendo series de terror y reciclando algunas de las que hizo en Argentina porque en 1965 a ver quién se iba a dar cuenta en España de que iba a cobrar dos veces por lo mismo.
En 1966 fue cuando dio el salto al éxito con una serie que daba más miedo que la dictadura, Historias para no dormir, aunque su consagración llegaría en 1972 no con el teatro, ni como guionista sino como creador de un espacio televisivo capaz de no chocar con la censura.
Nacía el Un, Dos, Tres. Pero como su padre confiaba menos en el proyecto que James Cameron en Titanic, Chicho no puso al principio su nombre en los créditos, por lo que pudiera pasar. Cuando se afianzó el éxito del programa añadió un “Y si algo falla el responsable es…Narciso Ibáñez Serrador, porque a toro pasao hasta el aguador es torero.
En esta época ya tenía papada pa 3 tortillas y las gafas de pasta gorda de quien se ha leído el manuscrito Voynich que luego cambiaría por unas finitas doradas, un fular y un puro.
Chicho siguió triunfando con otros programas como Waku, Waku, Hablemos de Sexo o el Semáforo aunque también es verdad que tampoco había mucho más en la tele para elegir.
Se casó, se rejuntó, se divorció, se separó y tuvo hijos con unas pocas, aunque a lo mejor no en el orden más respetuoso para sus parejas.
En 2012 le sacaron una foto que han puesto en Wikipedia que parece Papá Noel cuando le dicen lo que tiene que pagar ese trimestre de IVA.
Desgraciadamente, nuestro protagonista dejó de crear sueños el 7 de enero de 2019, a los 83 años, aunque ustedes siempre podrán recordarlo cada vez que conozcan a alguien que coma de tó o cuando alguien confíen menos en ustedes que James Cameron en Titanic.