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La humildad no es pensar menos de uno mismo, sino pensar correctamente delante de Dios. Vivir con humildad abre el corazón a la corrección, al aprendizaje y a la gracia. Dios resiste al orgulloso, pero acompaña al humilde.
El Señor Jesús, siendo Señor, eligió el camino de la humildad. De modo que, la verdadera grandeza se revela en la disposición a servir y aprender. La humildad no debilita la fe; la fortalece.
Tal vez has sentido la tentación de defenderte o imponerte. Detente y permite que Dios forme un corazón humilde. La humildad atrae la gracia y produce paz.
Por eso, vive con humildad, sabiendo que Dios exalta al que confía en Él. La Biblia dice en Miqueas 6:8: “Y qué pide Jehová de ti… que andes humildemente con tu Dios”. (RV1960).
El Señor Jesús, siendo Señor, eligió el camino de la humildad. De modo que, la verdadera grandeza se revela en la disposición a servir y aprender. La humildad no debilita la fe; la fortalece.
Tal vez has sentido la tentación de defenderte o imponerte. Detente y permite que Dios forme un corazón humilde. La humildad atrae la gracia y produce paz.
Por eso, vive con humildad, sabiendo que Dios exalta al que confía en Él. La Biblia dice en Miqueas 6:8: “Y qué pide Jehová de ti… que andes humildemente con tu Dios”. (RV1960).