por que eres mia parte 1
28 March 2026

por que eres mia parte 1

Secretos de LiLi

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  PORQUE ERES MIA.   Hola, soy Lili. Bienvenidos a un nuevo episodio de Secretos de Lili. Hoy nos adentramos en un terreno donde el lujo, el arte y el control se entrelazan de una forma peligrosa. ¿Qué sucede cuando el hombre que tiene el poder de cambiar tu destino profesional es también el hombre más perturbador que has conocido? Hoy hablamos de Ian Noble, un hombre que no solo compra arte, sino que parece querer adueñarse de la visión de quien lo crea. Acompáñame a analizar este primer encuentro entre la bohemia Francesca y su enigmático mecenas. Prepárate para descubrir qué hay detrás de esa frase que resuena como una sentencia: 'Porque eres mía'. Empezamos. streamla© 2026 Secretos de Lili. Todos los derechos reservados. El contenido de este episodio, incluyendo el análisis. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial, así como el uso de este material en otras plataformas sin el consentimiento previo de la producción.   PRIMERA PARTE PORQUE ME TIENTAS 1 FRANCESCA se dio la vuelta cuando Ian Noble entró en el local, básicamente porque todos los que estaban en el lujoso restaurante hicieron lo mismo. El corazón le dio un brinco. A través de la multitud divisó a un hombre alto, vestido con un traje a medida de corte impecable, quitándose el abrigo y descubriendo un cuerpo esbelto. Reconoció a Ian Noble de inmediato. Su mirada se detuvo en el elegante abrigo negro que ahora llevaba colgado del brazo. De pronto le asaltó una idea: el abrigo le quedaba bien, pero había algo extraño en el traje. Le habrían sentado mejor unos vaqueros, ¿no? Aquello no tenía ni pies ni cabeza. Para empezar, el traje le quedaba genial, y además, según un artículo que había leído no hacía mucho en GQ, él era el responsable casi único de los buenos tiempos que se respiraban en Savile Row, la calle con las sastrerías más elegantes de todo Londres. ¿Qué otra cosa podía vestir un hombre de negocios descendiente de una rama menor de la monarquía británica? Uno de sus acompañantes se ofreció para cogerle el abrigo, pero él negó con la cabeza una sola vez. Al parecer, la intención del enigmático señor Noble era hacer una breve aparición en el cóctel que él mismo ofrecía en honor a Francesca. —Ahí está el señor Noble. Estará encantado de conocerte. Adora tu trabajo —dijo Lin Soong. Francesca percibió un leve atisbo de orgullo en su voz, como si Ian Noble fuera su amante en lugar de su jefe. —Parece que tiene cosas mucho más importantes que hacer que conocerme —dijo Francesca sonriendo. Tomó un trago de su agua con gas y observó a Noble mientras este hablaba con sequedad por el móvil, escoltado por dos hombres y con el abrigo todavía colgando del brazo, listo para una rápida huida. La súbita inclinación de su boca le dijo que estaba crispado. Por alguna extraña razón, Francesca se sintió más relajada al descubrir que Ian Noble también experimentaba reacciones humanas. No se lo había contado a sus compañeros de piso —era conocida por su actitud valiente y despreocupada ante la vida—, pero conocer a aquel hombre la ponía extrañamente nerviosa. Los presentes retomaron sus conversaciones, pero la llegada de Noble había amplificado de algún modo el nivel de energía en la estancia. No dejaba de ser curioso que un hombre peculiar y sofisticado como aquel se hubiera convertido en un icono para toda una generación de adictos a la tecnología y a las camisetas de manga corta. Aparentaba unos treinta años. Francesca había leído que Noble había ganado su primer millón hacía años gracias a su empresa de redes sociales; un buen día la sacó a la venta, ganó trece millones más y a continuación fundó otro negocio igualmente exitoso de venta por internet. Todo lo que tocaba se convertía en oro, o eso parecía. ¿Por qué? Porque era Ian Noble. Podía hacer lo que le viniera en gana. Al pensarlo, los labios de Francesca se curvaron formando una sonrisa. De algún modo eso le convertía en un tipo arrogante y desagradable. Sí, de acuerdo, era su mecenas, pero como todos los artistas a lo largo de la historia, Francesca no podía evitar sentir una dosis considerable de desconfianza hacia el hombre que se encargaba de poner el dinero sobre la mesa. Por desgracia, cualquier artista que se muriera de hambre necesitaba a un Ian Noble en su vida. —Iré a avisarle de que estás aquí. Ya te he dicho que le impresionó tu cuadro. Lo escogió en vez de los otros dos finalistas sin pensárselo un segundo —dijo Lin, refiriéndose a la competición que Francesca había ganado recientemente. El ganador recibiría el prestigioso encargo de crear la pieza central del vestíbulo para el nuevo rascacielos de Noble en Chicago, que era precisamente donde se encontraban. La recepción en honor a Francesca se celebraba en un restaurante llamado Fusion, un local moderno y caro situado en el edificio, y lo que era más importante para ella: recibiría cien mil dólares por su trabajo que le vendrían de perlas para dejar atrás las estrecheces de una estudiante de posgrado de bellas artes cualquiera. Lin apareció como por arte de magia con una joven afroamericana de nombre Zoe Charon para que Francesca tuviera con quien hablar en su ausencia. —Encantada de conocerte —le dijo Zoe mientras le daba la mano y mostraba una sonrisa que sería el sueño de cualquier dentista—. Y felicidades por el encargo. Piensa que veré tu obra cada vez que venga a trabajar. Francesca no pudo evitar comparar su ropa con el traje de Zoe y se sintió incómoda al instante. Lin, Zoe y prácticamente todos los presentes en la recepción vestían según la moda más sofisticada del momento. ¿Cómo iba ella a saber que su estilo bohemio chic no pegaba con la fiesta de Ian Noble? ¿Cómo iba a saber que la marca de ropa que solía comprar ni siquiera merecía el apelativo de chic? Zoe le contó que era subdirectora en Empresas Noble, de un departamento llamado Imagetronics. ¿Qué demonios era eso?, se preguntó Francesca, un tanto distraída, mientras asentía educadamente y desviaba la mirada hacia la entrada del restaurante. El rictus de Noble se suavizó ligeramente cuando Lin se detuvo junto a él y le habló. Unos segundos después, en su rostro se materializó una expresión de profundo aburrimiento. Sacudió la cabeza una vez y miró la hora. Era evidente que no le apetecía pasar por el ritual de tener que conocer a uno de los muchos destinatarios de sus esfuerzos más filantrópicos, al menos no más de lo que a Francesca le apetecía conocerle a él. Aquella recepción en su honor no era más que otra de las tediosas actividades a las que tenía que someterse por haber resultado ganadora del proyecto. Se volvió hacia Zoe y sonrió de oreja a oreja, decidida a pasárselo lo mejor posible, ahora que por fin había confirmado que los nervios por conocer a su mecenas no habían sido más que una pérdida de tiempo. —¿Y a qué viene tanto revuelo con Ian Noble? Zoe se sorprendió ante la frialdad de la pregunta y miró hacia la entrada del bar, donde permanecía el apuesto anfitrión de la fiesta. —¿Tanto revuelo? En una palabra, es un dios. Francesca sonrió. —Tú no sueles morderte la lengua, ¿verdad? Zoe se echó a reír y Francesca se le unió. Por un momento, no eran más que dos chicas riéndose a escondidas y hablando del hombre más guapo de la fiesta, sin duda Ian Noble, y eso Francesca tenía que reconocerlo. Es más, era el hombre más atractivo que jamás hubiera visto. De pronto advirtió la expresión en el rostro de Zoe y dejó de reírse. Se dio la vuelta. La mirada de Noble se había detenido en ella. Una sensación cálida y pesada se expandió por su vientre. Ni siquiera tuvo tiempo de recuperar la respiración antes de que él cruzara la sala a zancadas en su dirección, dejando tras de sí a una Lin más que sorprendida. Francesca sintió la ridícula necesidad de salir corriendo. —Vaya… viene hacia aquí… Lin debe de haberle indicado quién eres —dijo Zoe, y parecía tan sorprendida y con la guardia tan baja como Francesca. Sin embargo, pronto se hizo evidente que Zoe tenía más práctica en el arte de la elegancia en sociedad que Francesca. Cuando Noble se detuvo junto a ellas, la chica de la risa tonta había desaparecido y en su lugar esperaba una mujer hermosa y contenida. —Señor Noble, buenas noches. Sus ojos, de un profundo azul cobalto, se detuvieron en Francesca durante un segundo. Cuando por fin se apartaron, ella aprovechó para recuperar el aliento. —Zoe, ¿verdad? —preguntó él. Zoe no pudo disimular el orgullo que sentía al saber que se acordaba de su nombre. —Sí, señor. Trabajo en Imagetronics. Le presento a Francesca Arno, la artista a la que ha escogido como ganadora del Concurso Visión Lejana. Noble le cogió la mano. —Un placer, señorita Arno. Francesca permaneció inmóvil, incapaz de responder. La imagen de aquel hombre, la calidez de su mano, el sonido grave de su voz y su acento británico le habían colapsado temporalmente el cerebro. Tenía la piel pálida en comparación con el pelo, oscuro y con un corte muy moderno, y llevaba un traje de color gris. «Un ángel caído.» Las palabras se materializaron en su cerebro, incontrolables. —No sabe cuánto me ha impresionado su trabajo —le dijo Noble. Ni una sonrisa. Ni rastro de delicadeza en su voz, aunque sí había un destello de curiosidad en su mirada. Francesca tragó saliva, nerviosa.

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