
1) Contaron: Hay mucha gente que pone frases y vídeos motivadores, pero, para ser el capitán de tu vida, tenés que trabajar tu interior. Busca ese espacio para meterte en vos y ver cosas de vos que hasta duelen. Muchos, más que capitán, parecen marineros de barco, pero de barco pirata, porque buscan siempre una persona que los tenga sometido o sometida. En cambio, si quieres domar tu vida, es necesario darte tu espacio, salir a caminar, meditar en tu interior, buscar ese espacio de oración y de intimidad y, por sobre todo, el poder mirar tus heridas y toda tu vida. A trabajar en tu mente y corazón, para actuar con claridad en vos y también desde vos.
2) Qué hacemos: La desesperación es parte de la experiencia humana. La desesperación es algo de lo que no solamente puedes salir, sino que puedes salir reforzado o reforzada. Pero la cuestión es cómo puedes rodearte de algo o de alguien que te acompañe en ese momento de desesperación. Por lo tanto, es saber compartir en la desesperación y no obviarla. Nadie vive sin sufrimiento y todos experimentamos dolor y hasta traición. Es clave incorporar el sufrimiento en la experiencia humana, porque se necesita legitimar y comprender que se debe acompañar en el sufrimiento.
3) Muera: Muchas veces creemos que nuestra vida espiritual pasa por las reuniones a las que asistimos. Hasta incluso nos consideramos católicos o no según si vamos a un grupo o no. Jesús nunca dijo: “Nos vemos el domingo que viene en la montaña tal”, menos dijo: “Haremos un templo entre Jerusalén, Grecia y de allí formamos las franquicias”. Mucho menos decía: “Yo atiendo martes y jueves”. Jesús vivía un estilo de vida y eso implicaba las 24 horas. Nosotros en un templo no vamos a encontrar a Dios, sino que vamos a compartir con Dios lo que hemos encontrado de Dios en nosotros, y como nos dijo: “Donde dos o más estén reunidos en mi nombre yo estoy en medio de ustedes”. Por eso, el sagrario es lo más preciado para los católicos. Hay veces que nos detenemos a formar grupos, pero Dios no está en los grupos, sino en las personas de esos grupos. Si Jesús está en una reunión es porque lo llevamos, no porque esté allí y hay que buscarlo. Por eso, los católicos nos hemos detenido en armar demasiadas reuniones más que uniones y también confundimos emoción con presencia de Dios, como así también pecado con sentimientos. Muchos piensan que presencia de Dios es sentir algo y hasta piensan que cuando ya no sienten es porque Dios los abandonó. En el cielo no se tomará lista de cuántas reuniones asististe, de la pastoral o del grupo tal o del movimiento cuál, lo que nos dirá Jesús ese día es: “¿Cuánto amaste?”. Algo bueno está por venir.