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En un viaje por carretera pasé por varios pueblos de los que yo les llamo pueblos “de suspiro”. De esos donde entras, ves un letrero de bienvenida… y en lo que dura un suspiro ya estás viendo otro letrero que dice: “Gracias por su visita”.
Pueblos pequeños. Tranquilos. Callados.
En uno de ellos decidimos detenernos buscando una cafetería. Queríamos tomar café, descansar un poco y seguir el camino. Preguntamos a un hombre que estaba en la calle y nos respondió con mucha honestidad: “Eso aquí no lo van a encontrar… búsquenlo en una ciudad cercana”.