La fiesta del apocalipsis, con Natalia Castro Picón
07 February 2026

La fiesta del apocalipsis, con Natalia Castro Picón

Pol&Pop

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Conviene reconocer que, en 2026, la idea del fin del mundo no tiene el sex-appeal que guardaba para el paleocristianismo romano o para el pueblo milenarista de Müntzer. Hoy, el fin del mundo puede ser mañana y eso no acaba de tener buena prensa. Por una parte, es lógico. Para vivir en un mundo insostenible, nuestra forma de estar en él descuenta una continuidad esencial de los días que hace posibles los cálculos, las proyecciones y, por supuesto, las resignaciones que dan impulso a la rueda del hámster. Además, se ha convertido en sentido común la idea de que el exceso de distopías y relatos apocalípticos constituye una expresión de nuestros temores que, a la postre, reduce la imaginación y las capacidades políticas (Pol&Pop 2x20: https://www.ivoox.com/2x20-utopia-no-es-isla-audios-mp3_rf_64618456_1.html#comments).
Frente a esa tesis, hablamos con Natalia Castro Picón, viaje amiga del programa y ganadora del premio Anagrama de ensayo 2025 con La fiesta del fin del mundo. Apocalipsis cultural en el periodo entre crisis (España, 2008-2023). Castro parte de la noción de De Martino sobre la situación de apocalipsis cultural: una crisis tal que impide que los códigos culturales antes compartidos resulten ya operativos. En este contexto, los imaginarios apocalípticos devienen ubicuos porque solo podemos proyectar hacia el futuro nuestro presente desde el marco del abismo. La manera en que esto se concreta en la práctica cultural comporta asimismo dos problemas políticos.
En primer lugar, esos imaginarios, aunque colapsistas en cuanto a las condiciones de vida, son por completo continuistas en lo referido a las instituciones básicas del capitalismo -mercado y razón de Estado-, a pesar de que ya es evidente que tales son más bien las causas del colapso que aquello cuya supervivencia tenga sentido mantener. Ello naturaliza, además, las principales estructuras de desigualdad del presente y entronca con el segundo problema político de esta situación: si, ocurra lo que ocurra, los núcleos de injusticia de nuestras sociedades son inmutables, todo cambio -reformista, colapsista o revolucionario- solo puede ser peligroso y a peor. De este modo, la política contemporánea se ciñe a una elección entre el abismo y lo que hay, al tiempo que el primero se presenta como indefectible. Vamos, un planazo.
Sin embargo, el ensayo de Castro Picón está tejido con otros hilos. Parte de los topoi del fin del mundo que pueblan la cultura popular: el desierto, la guerra total, los virus, los zombies y los tsunamis, entre otros, pero identifica, dentro de ellos, lo que podríamos llamar prácticas apocalípticas transformadoras. Es decir, prácticas que utilizan las gramáticas del game over para producir otros mundos.
No se trata, entonces, de una banalización de nuestra crisis o de la crueldad con la que se muestra en el presente o en sus proyecciones, sino una constatación de que el fin y la distopía han sido y son una realidad decretada normal en muchos lugares y para muchos grupos sociales ded forma creciente. Si como decíamos, con Juan Francisco Soto al analizar las distopías desde el Sur (https://www.elsaltodiario.com/pol-pop-podcast/ciencia-ficcion-latina-tecnica-reverso), las utopías de unos son las distopías de muchos, es urgente explorar esos espacios del apocalipsis como espacios creativos de otra vida frente al chantaje de fascismo o lo que hay. Llegados a este punto, queda recuperar esa vieja idea del cambio de siglo: otro fin del mundo es posible