
10 March 2026
VIENTOS DEL SUR IX — Ojo por Ojo: La Justicia de la Vida | Misterios Exóticos
MISTERIOS EXÓTICOS con Mark Schindler
About
Durante mucho tiempo escuché repetir que la ley del ojo por ojo era una expresión de barbarie. Una reliquia de tiempos oscuros en los que la humanidad todavía no había aprendido a perdonar. Sin embargo, con los años he llegado a pensar que quizá la hemos comprendido mal.
Porque aquella ley —que aparece en las antiguas páginas de la Biblia— no nació del odio ni de la violencia desatada. Nació de una intuición profundamente humana: que la justicia necesita proporción.
Yo no veo en ella un grito de venganza.
Veo, más bien, un intento de restaurar el equilibrio.
La justicia —cuando es verdadera— no nace del odio, sino de la medida. El daño tiene un peso, y ese peso no desaparece por ignorarlo. Quien rompe algo en el mundo deja tras de sí una fractura que alguien tendrá que asumir. Y cuando esa fractura queda sin respuesta, lo que se resquebraja no es sólo una relación entre dos personas: es la confianza invisible que sostiene a toda comunidad humana.
Por eso nunca he creído que ojo por ojo sea una invitación a la crueldad. Al contrario. Es una forma antigua de recordar que la justicia debe detenerse exactamente donde empieza el exceso: ni más daño del recibido, ni menos responsabilidad de la que corresponde.
No es una ley del rencor.
Es una ley del límite.
Porque cuando todo se perdona sin medida, cuando toda culpa se disuelve en una indulgencia permanente, la justicia deja de ser justicia y se convierte, lentamente, en una forma de renuncia.
En este episodio de Vientos del Sur comparto una reflexión personal sobre esa antigua ley que tantos han condenado sin detenerse a comprenderla.
No es una llamada a la violencia.
Es una afirmación de justicia: que el orden del mundo sólo se sostiene cuando cada acto recibe la medida que le corresponde.
Porque aquella ley —que aparece en las antiguas páginas de la Biblia— no nació del odio ni de la violencia desatada. Nació de una intuición profundamente humana: que la justicia necesita proporción.
Yo no veo en ella un grito de venganza.
Veo, más bien, un intento de restaurar el equilibrio.
La justicia —cuando es verdadera— no nace del odio, sino de la medida. El daño tiene un peso, y ese peso no desaparece por ignorarlo. Quien rompe algo en el mundo deja tras de sí una fractura que alguien tendrá que asumir. Y cuando esa fractura queda sin respuesta, lo que se resquebraja no es sólo una relación entre dos personas: es la confianza invisible que sostiene a toda comunidad humana.
Por eso nunca he creído que ojo por ojo sea una invitación a la crueldad. Al contrario. Es una forma antigua de recordar que la justicia debe detenerse exactamente donde empieza el exceso: ni más daño del recibido, ni menos responsabilidad de la que corresponde.
No es una ley del rencor.
Es una ley del límite.
Porque cuando todo se perdona sin medida, cuando toda culpa se disuelve en una indulgencia permanente, la justicia deja de ser justicia y se convierte, lentamente, en una forma de renuncia.
En este episodio de Vientos del Sur comparto una reflexión personal sobre esa antigua ley que tantos han condenado sin detenerse a comprenderla.
No es una llamada a la violencia.
Es una afirmación de justicia: que el orden del mundo sólo se sostiene cuando cada acto recibe la medida que le corresponde.