
En LO QUE IMPORTA, Daniel Matamala conversa con Ricardo Solari, exministro del Trabajo, y con Ricardo Ruiz, miembro de la mesa de reactivación laboral
Dos cifras impactaron la discusión sobre empleo en los últimos días.
La primera es que 1 millón de chilenos no tienen trabajo.
La segunda es que, para crear más empleos, el gobierno estudia cambios a la ley de 40 horas, y que la jornada laboral pueda llegar a 52 horas.
La primera cifra es cierta; la segunda requiere algo más de explicación.
Sí, es cierto. Casi 1 millón de chilenos (980 mil para ser exactos) están buscando trabajo y no lo encuentran. 9,2% es la tasa de desocupación, la más alta desde 2021, hace cinco años, cuando aun se sentían los coletazos de la pandemia.
El desempleo llevaba tiempo en torno al 8%, y en la campaña presidencial se habló de crisis del empleo, con promesas de poner ese problema en el centro del debate; el candidato Kast culpó entonces al gobierno de Boric y especialmente a su ministra Jara, pero claro una cosa es prometer y otra es cumplir, y en estos primeros meses de 2026 las cifras han seguido empeorando hasta este millón de desempleados. Una cifra que golpea más fuerte a las mujeres y a los jóvenes.
Llegamos así a las conclusiones de esta mesa de reactivación laboral, que recomendó al gobierno varias medidas, como la ley de sala cuna, y también las que generaron más impacto: 52 horas, y fin a la indemnización por años de servicio.
En el caso de la jornada laboral lo que se propone, hay que aclararlo, no es pasar sin más de 40 a 52 horas, sino que las empresas puedan calcular esas 40 horas como un promedio ya no mensual sino que anual, llegado a las 52 horas en algunos períodos y compensando en otros. Flexibilidad según la mesa, precarización según las críticas que arrecian.