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La predicación enseña que muchas personas, como el paralítico de Betesda, pasan años esperando un “movimiento” externo para cambiar, viviendo paralizadas por excusas, miedo y comparación. Jesús no espera que el agua se mueva: Él llega, confronta y llama a decidir. El milagro comienza cuando obedecemos Su voz: levantarnos, soltar el pasado y caminar en fe.