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Hay momentos en los que el alma se cansa, se vacía y pierde fuerzas. La sequedad espiritual no siempre es falta de fe, sino señal de que necesitamos volver a Dios. Ninguna carga, rutina o distracción puede llenar lo que solo Su presencia puede restaurar. Dios no desprecia un corazón cansado; Él riega el alma seca y renueva al que clama. Un alma seca no está perdida, solo tiene sed de Dios. ✝️