430: A solas con Dios -  24/05/26 - #1405
24 May 2026

430: A solas con Dios - 24/05/26 - #1405

Iglesia de la Ciudad - Mensajes

About
Pastor José Luis Cinalli
 24/05/26
A solas con Dios


“Dios dice: en los últimos días, derramaré mi Espíritu sobre toda la humanidad… Derramaré mi Espíritu sobre mis siervos, hombres y mujeres, y ellos profetizarán”, Hechos 2:17-18 (PDT).


“Los últimos días” se refiere a la era de la iglesia que va desde Pentecostés hasta el retorno de Cristo. Eso significa que “ahora… estamos en los últimos días”, Hebreos 1:2 (PDT). ¡Que maravilloso! Los que vivimos los últimos tiempos de “los últimos días” estamos al borde del segundo y más grande mover del Espíritu Santo. Entonces, cuando oramos por un avivamiento, la evangelización del mundo y el retorno a la tierra de nuestro bendito Señor estamos orando conforme a Su voluntad. Oramos por acontecimientos que fueron prometidos por Dios y que por lo tanto han de suceder, ¡porque lo que Dios promete, Dios lo cumple! Además de eso, lo que más nos anima es saber que nosotros mismos podemos ser parte de ese tremendo y más grande avivamiento que está a punto de derramarse sobre toda la humanidad. Dios ha prometido derramarse a sí mismo en los “últimos días”; es decir, ¡en estos días! “Dios dice: en los últimos días, derramaré mi Espíritu…”, Hechos 2:17 (PDT); Isaías 44:3; Joel 2:28-29. ¡Si el derramamiento del Espíritu fue la clave del éxito de los primeros creyentes entonces parece claro que también es la clave para los creyentes de hoy en día! Sin embargo, para que el derramamiento del Espíritu Santo ocurra deben estar dadas las condiciones. Alejarnos del pecado es esencial, pero también lo es la oración incesante: “Si se humillare mi pueblo… y oraren, y buscaren mi rostro… oiré desde los cielos… sanaré su tierra… y los haré prosperar de nuevo”, 2º Crónicas 7:14 (RV60, TLA). ¿Lo ves? No hay derramamiento del Espíritu si las condiciones no están dadas. Dios siempre está dispuesto a derramarse a sí mismo y espera por nosotros, ¿cuánto tiempo le haremos esperar?


Orar para que el Señor se manifiestecomo un río violento… (Isaías 59:19, RV2000) forma parte de la voluntad de Dios. Es cierto que debemos ser agradecidos al contemplar la conversión silenciosa de un pecador tras otro, pero también hemos de desear y pedir una manifestación periódica de la conversión simultánea de miles de personas porque Dios siempre ha querido manifestar de forma visible y de manera impresionante que ha hecho Señor y Cristo al mismo Jesús que fue rechazado y crucificado. Y es en respuesta a la oración de un remanente compungido que Dios prepara silenciosamente el desbordamiento. ¡Qué gran responsabilidad! El avivamiento marca el despertar de la iglesia. Y es por medio de una iglesia despierta que el mundo es evangelizado. ¿Te das cuenta? La vivificación de los santos es la raíz de la salvación de los perdidos. Una iglesia dormida es una iglesia despojada de poder; es decir impotente por donde se la mire. Solo una iglesia revestida de fortaleza puede ser efectiva en su misión. En otras palabras, ¡una iglesia despierta es una iglesia militante! Por eso se nos llama a despertar: “... Han vivido como si estuvieran dormidos. ¡Ya es hora de que despierten! ...”, Romanos 13:11 (TLA); Isaías 52:1. Cuando la voz del Señor despierta la Iglesia, la voz de la iglesia despierta al Señor y Su poder se manifiesta en la salvación de los pecadores: “¡Despierta, oh SEÑOR, despierta! ... ¡Mueve tu poderoso brazo...! Levántate como en los días de antaño...”, Isaías 51:9 (NTV). “Levántese Dios, sean esparcidos sus enemigos, y huyan delante de Él los que le aborrecen”, Salmo 68:1 (RV2000). ¡Dios empieza a mover su poderoso brazo como resultado de nuestro despabilamiento espiritual!

Cuando parece que el Todopoderoso ha estado dormido durante mucho tiempo, el clamor de la iglesia penetra hasta los cielos: “El Señor se levantó como si despertara de un sueño, como un guerrero que vuelve en sí… Derrotó a sus enemigos en forma aplastante y los mandó a la vergüenza eterna”, Salmo 78:65-66 (NTV). Si la bendición llega podemos estar seguros de que en algún lugar alguien cumplió las condiciones y pagó el precio. La oración incesante es toda la diferencia. Como resultado el Señor sale a la batalla y “sus flechas… afiladas traspasan el corazón de los enemigos y las naciones caen a sus pies”, Salmo 45:5 (NTV). Dios “dispara su flecha y sin aviso caen heridos”, Salmo 64:7 (NVI). Es una clara alusión a la convicción de pecado. Las saetas de Dios hieren la carne. Y de esa profunda convicción de pecado nacen multitudes en el reino de Dios. Cuando la presencia divina golpea los corazones, los hombres terminan con el debate de si deben o no seguir al Hijo de Dios. Cuando las personas son quebrantadas por sus pecados acuden a Cristo. Toma nota: ¡cuando veas una persona, familia o iglesia bendecida puedes tener la certeza de que ha habido alguien en la torre del vigía que ha sido constante en la oración!


La oración es el fundamento de todo avivamiento. Pero claro, orar es un verdadero desafío porque el infierno concentra toda su artillería para que el creyente no ore. Quedas advertido. El diablo hará cualquier cosa para acortar el tiempo que pases con Dios en el lugar secreto. Y el tiempo que uno consagra a Dios es esencial para hacer más significativa la relación con Él. El principio de la siembra y la cosecha también se aplica al tiempo de oración: “El que siembra poco, cosecha poco, pero el que siembra mucho, cosecha mucho”, 2ª Corintios 9:6 (PDT). En otras palabras: ¡mucha oración, mucho poder! ¡Poca oración, poco poder! ¡Nada de oración, nada de poder! Ahora bien, ¿por qué la oración suele ser una carga en lugar de ser un deleite? Por la gran oposición que existe. Orar es un trabajo arduo; es gloria y bendición; pero también es trabajo y tribulación, batalla y agonía. Jesús fue molestado los 40 días de su retiro en el desierto, Lucas 4:2. No te sorprendas si Satanás se te aparece o envía a algunos de sus ‘siempre dispuestos seguidores’ para arruinar tus tiempos de oración.

Generalmente existe una línea muy delgada entre la oración como una carga y la oración gratificante. Lo hemos experimentado en nuestros encuentros íntimos con Dios o en las caminatas de oración. Al comienzo todo es lucha. Soltamos palabras al aire, balbuceamos expresiones de gratitud, pero no encontramos la llave que nos abre a la intercesión de poder. La clave es no abandonar cuando el cielo parece cerrado. Inténtalo hasta que de repente te encuentras en otra dimensión de la oración donde los golpes son certeros y el tiempo se transforma en deleite y alegría. Vas a tener que luchar con pensamientos que te distraen y fundamentalmente con aquel que te dice que estás perdiendo el tiempo. La culpa suele ser también un poderoso enemigo de la oración eficaz. Solemos creer que Dios se molesta si no cumplimos con nuestra cuota diaria de oración. La realidad es que Dios no se desilusiona con nosotros sino por nosotros. Se entristece cuando ve que estamos tan cerca de obtener las riquezas de su reino y a causa de nuestra pereza las desaprovechamos. Somos nuestros peores enemigos. Nos robamos a nosotros mismos al no aprovechar los recursos que Dios pone a nuestra disposición cuando postergamos el lugar secreto o dejamos a la espontaneidad nuestros encuentros íntimos con Dios.

Al descuidar los tiempos con Dios nos perjudicamos. El tiempo que no invertimos en el lugar secreto es una pérdida. Nos perdemos el deleite que produce estar en su presencia. Nos perdemos el ser limpiados y purificados. Nos perdemos la guía que resulta de escuchar a Dios. Y nos perdemos su protección porque Dios nos habla y nos protege en el lugar secreto. Es decir ¡nos robamos y estafamos a nosotros mismos cuando postergamos los tiempos con Dios en el lugar secreto! En lugar de sentirnos culpable sintamos indignación. Y que ese sentimiento nos lleve de regreso al lugar secreto. Agenda tus tiempos con Dios. No dejemos al azar. Por otra parte, aprende a buscar tu propio ritmo. Muchos creyentes se colocan metas muy altas y luego se desilusionan. El incremento en el tiempo que pasas con Dios tiene que ser lento pero continuo. Nadie sale a correr un maratón sin haberse preparado con mucho tiempo de antelación y entrenamiento. Desarrollar una relación de largo alcance con Dios es un proceso lento y de mucho tiempo. Por tal motivo: 1) Separa un tiempo diario para sintonizarte con Dios. “... Cuando estaba a solas con sus discípulos, les explicaba todo”, Marcos 4:34 (BAD). Si quieres una inundación de Dios deberás desarrollar el hábito de encontrarte con Él todos los días, sin prisa ni tregua. 2) Establece un horario y un lugar habitual de oración. 3) Genera un ambiente de adoración. Adorar es ofrecerle a Dios lo mejor que Él nos ha dado. Siempre que recibas una bendición de Dios, devuélvesela a Él como una ofrenda de amor. Si acumulas para ti, se tornará en una podredumbre espiritual, como le sucedía al maná cuando lo acumulaban, Éxodo 16:20. Dios nunca te dejará que guardes una bendición espiritual solo para ti. Ha de serle devuelta a Él para que Él pueda transformarla en bendición para otros. Cuando el niño le entregó a Jesús la mejor porción de su almuerzo, Jesús lo transformó en una bendición para más de 10.000 personas. Dios nunca hace algo grande A TRAVÉS de nosotros si primero no hace algo grande EN NOSOTROS. Sacrifícate para Dios y Él hará una obra de dimensión mundial. ¡Nadie jamás sacrificó algo por la causa de Cristo y terminó perdiendo en esa transacción!