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¿Qué pasa cuando dejamos de disfrutar lo que Dios puso en nuestras manos porque estamos demasiado ocupados mirando lo que tienen los demás?
La envidia no siempre se presenta de manera evidente. Puede aparecer como una falsa alegría, minimizar los logros de otros, criticar sus dones, compararnos constantemente o incluso sentir satisfacción cuando alguien fracasa.
Pero detrás de todo esto puede existir un corazón que ha dejado de estar satisfecho con lo que Dios le ha dado.
En esta primera prédica de nuestra nueva serie “PECADOS QUE ROMPEN, VERDADES QUE RESTAURAN”, hablaremos sobre la envidia, sus manifestaciones y cómo llevarla diariamente a la cruz.
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