
15 February 2026
165. ¿Cuándo nos dijeron que ser vieja era un problema?
Hacia lo Salvaje I Viajes Naturaleza Ecofeminismo
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Hay un momento, no sabemos muy bien cuándo, en el que algo cambia.
El cuerpo empieza a responder distinto. El espejo devuelve otra imagen. Y, casi sin darnos cuenta, aparece una idea que pesa más de lo que debería: ser vieja es algo que hay que disimular, esconder o combatir.
A las mujeres nos han enseñado a temer la vejez. A no parecer viejas. A no ocupar espacio cuando el cuerpo deja de encajar en lo que se considera deseable.
En este episodio del podcast Hacia lo Salvaje abrimos una conversación sin filtros sobre todo eso. Sobre ser vieja, nombrarlo en voz alta y preguntarnos juntas cuándo y por qué se convirtió en un problema.
Alrededor del fuego se sientan dos mujeres imprescindibles para hablar de edad, cuerpo y feminismo. Anna Freixas Farré, psicóloga pionera de la gerontología feminista y autora de libros como “Tan frescas” y “Yo, vieja” y a Laura Cantos Cañete, directora de holaS Comunidad un proyecto enfocado en el envejecimiento activo y el bienestar emocional para personas mayores.
Durante la charla aparece una idea clara: la vejez no se vive igual para mujeres que para hombres. Las brechas económicas, la carga de los cuidados, la salud, la presión estética y la invisibilidad social hacen que ser vieja tenga un coste mucho mayor para nosotras. No es casual. Es estructural.
También hablamos de soledad. Pero no solo de estar sola, sino de esa soledad emocional que aparece cuando no hay espacios donde expresarse, participar o sentirse comprendida. Una soledad que no es únicamente individual, sino social y comunitaria. Porque la vejez no se improvisa a los 80: se va construyendo, o descuidando, a lo largo de toda la vida.
Uno de los momentos más potentes del episodio llega cuando se cuestiona la idea de la vejez como pérdida. Envejecer no es perder capacidades, es cambiar. La vida no es una caída constante, es un proceso de transformación. Nombrar la vejez desde el cambio, y no desde la nostalgia, abre nuevas posibilidades de sentido, deseo y presencia.
También hablamos de la muerte, de residencias, de modelos de cuidados, de comunidad y de decisiones importantes que no se toman tarde, sino mucho antes. De cómo queremos vivir cuando seamos viejas. Dónde, con quién y desde qué lugar.
Quizá ser vieja, decirlo en voz alta y habitarlo con orgullo, no sea una derrota. Quizá sea uno de los actos más radicales que podemos hacer hoy.
Dale al play y acompáñanos en esta conversación necesaria, incómoda y profundamente liberadora.
Más información en hacialosalvaje.net
El cuerpo empieza a responder distinto. El espejo devuelve otra imagen. Y, casi sin darnos cuenta, aparece una idea que pesa más de lo que debería: ser vieja es algo que hay que disimular, esconder o combatir.
A las mujeres nos han enseñado a temer la vejez. A no parecer viejas. A no ocupar espacio cuando el cuerpo deja de encajar en lo que se considera deseable.
En este episodio del podcast Hacia lo Salvaje abrimos una conversación sin filtros sobre todo eso. Sobre ser vieja, nombrarlo en voz alta y preguntarnos juntas cuándo y por qué se convirtió en un problema.
Alrededor del fuego se sientan dos mujeres imprescindibles para hablar de edad, cuerpo y feminismo. Anna Freixas Farré, psicóloga pionera de la gerontología feminista y autora de libros como “Tan frescas” y “Yo, vieja” y a Laura Cantos Cañete, directora de holaS Comunidad un proyecto enfocado en el envejecimiento activo y el bienestar emocional para personas mayores.
Durante la charla aparece una idea clara: la vejez no se vive igual para mujeres que para hombres. Las brechas económicas, la carga de los cuidados, la salud, la presión estética y la invisibilidad social hacen que ser vieja tenga un coste mucho mayor para nosotras. No es casual. Es estructural.
También hablamos de soledad. Pero no solo de estar sola, sino de esa soledad emocional que aparece cuando no hay espacios donde expresarse, participar o sentirse comprendida. Una soledad que no es únicamente individual, sino social y comunitaria. Porque la vejez no se improvisa a los 80: se va construyendo, o descuidando, a lo largo de toda la vida.
Uno de los momentos más potentes del episodio llega cuando se cuestiona la idea de la vejez como pérdida. Envejecer no es perder capacidades, es cambiar. La vida no es una caída constante, es un proceso de transformación. Nombrar la vejez desde el cambio, y no desde la nostalgia, abre nuevas posibilidades de sentido, deseo y presencia.
También hablamos de la muerte, de residencias, de modelos de cuidados, de comunidad y de decisiones importantes que no se toman tarde, sino mucho antes. De cómo queremos vivir cuando seamos viejas. Dónde, con quién y desde qué lugar.
Quizá ser vieja, decirlo en voz alta y habitarlo con orgullo, no sea una derrota. Quizá sea uno de los actos más radicales que podemos hacer hoy.
Dale al play y acompáñanos en esta conversación necesaria, incómoda y profundamente liberadora.
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