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El enemigo siembra cizaña en medio de la buena semilla, empapada en sangre redentora, que Cristo ha sembrado en nuestras almas: su gracia. Jesús no nos pide simplemente no ser “cizañudos”. Nos llama a estar vigilantes, a estar en guardia, para que los demás, y nosotros mismos, demos el fruto que Él espera de la semilla que ha puesto en nuestros corazones.
Meditación predicada para Hablar con Jesús en 2020.