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NVIDIA nunca diseñó sus GPUs pensando en inteligencia artificial. Las creó para resolver un problema completamente distinto: procesar gráficos cada vez más complejos. Durante dos décadas esa decisión pasó casi desapercibida, hasta que la IA encontró en esa arquitectura la herramienta perfecta para entrenar modelos a una escala nunca antes vista. En este episodio de The Story exploramos cómo una apuesta silenciosa terminó convirtiéndose en la infraestructura sobre la que hoy se construye el futuro de la computación.