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Antes de conocer a Jesucristo y aceptarlo como nuestro Señor y Salvador éramos esclavos del pecado. Pero Jesús pagó el precio para rescatarnos y lo hizo por gracia, gratis para nosotros, por esto no tenemos derecho a vivir en excesos ni a correr riesgos innecesarios ni a hablar mal ni a muchas otras cosas que hace la gente del mundo. Debemos dar gracias por todo lo que tenemos pero también por lo que perdemos. Nada es realmente nuestro.