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En 1984 un grupo que se hacía llamar “El Monstruo con 21 Rostros” secuestró al presidente de Glico, lo dejó desnudo tres días y lo liberó sin pedir rescate.
Luego llenaron supermercados de dulces envenenados con cianuro, mandaron cartas burlándose de la policía y hasta grabaron un video retándolos: “Somos 21 caras y ninguna es la real”.
Quemaron la ropa del empresario en vivo, casi los atrapan… y de repente desaparecieron con una última carta: “Policías idiotas, ¿no les da vergüenza? Les perdonamos la vida”. 40 años después nadie sabe quiénes fueron ni por qué lo hicieron. El caso más loco y humillante de la historia criminal japonesa sigue abierto y sin una sola pista.