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En este episodio cuestiono una de las fantasías más seductoras del camino espiritual: creer que venimos a despertar a otros.
Hablo sin romanticismos sobre el ego disfrazado de misión, la sombra del “salvador” y el costo invisible de querer abrirle los ojos a quien no lo pidió.
Despertar no se provoca. No se impone. No se enseña.
Se contagia desde la coherencia.
Si acompañas procesos, facilitas terapias o sientes el impulso de “ayudar” a todos, este episodio puede incomodarte… y justamente por eso vale la pena escucharlo.
Porque nadie despierta a nadie.
Cada uno recuerda cuando está listo.