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La Iglesia no improvisa cuando aparece una ausencia o una herida: ora, escucha la Palabra y discierne para sostener la misión. En la fiesta de San Matías contemplamos a una comunidad que no se queda paralizada por el vacío dejado por Judas, sino que busca, con la luz de Dios, a quien debe continuar el testimonio del Resucitado. Esa es también la lógica del discípulo: permanecer en el amor de Cristo para dar fruto que permanezca.