Relaciones entre las juderías de Tarazona y Calatayud en la Baja Edad Media
04 January 2026

Relaciones entre las juderías de Tarazona y Calatayud en la Baja Edad Media

Desde Calatayud Voces de Sefarad

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Relaciones entre las juderías de Tarazona y Calatayud en la Baja Edad Media

Un mundo medieval más conectado de lo que imaginábamos entre Tarazona y Calatayud en la baja Edad Media

Cuando pensamos en la Edad Media, la imagen que suele venir a la mente es la de comunidades aisladas, ciudades amuralladas y sociedades encerradas en sí mismas. Vemos castillos, feudos y pueblos que parecen universos autosuficientes, separados por distancias que entonces eran enormes.

Pero esa imagen, aunque icónica, es incompleta. La realidad era mucho más compleja, fluida y conectada, especialmente en el seno de las comunidades judías. El caso de las aljamas (juderías) de Tarazona y Calatayud en el Reino de Aragón es un ejemplo paradigmático de cómo funcionaba realmente un sistema socioeconómico integrado. Lejos de ser islas, estas dos comunidades formaban una red de interdependencia, poder y supervivencia.

Este artículo explora cinco de las revelaciones más sorprendentes y contraintuitivas sobre su relación, demostrando que su historia conjunta fue una de destinos compartidos, alianzas forzadas y resiliencia en red.

1. No eran rivales, sino un tándem: La metrópolis y el "puerto seco"

La relación entre Calatayud y Tarazona no era de simple competencia, sino de una especialización asimétrica y complementaria. Cada una desempeñaba un rol distinto pero crucial para el equilibrio de la red regional.

Calatayud era la indiscutible "metrópolis" demográfica y política. Era la segunda aljama más grande e influyente del reino, solo por detrás de Zaragoza. Con 191 fuegos (hogares) censados entre 1398 y 1405, su comunidad judía constituía un impresionante 12,5% de la población total de la ciudad, otorgándole un enorme poder de negociación y una vibrante vida institucional.

Por su parte, Tarazona jugaba un papel más cualitativo que cuantitativo. Aunque mucho más pequeña (con solo 27 "casatas" o casas en 1398), su posición estratégica en la frontera con Castilla y su estatus como sede episcopal la convirtieron en un "puerto seco" crucial. Se especializó en el comercio transfronterizo y, de manera fundamental, en la administración de rentas eclesiásticas, funcionando como un centro administrativo de alta especialización.

Esta división funcional, en lugar de generar una simple dominación de la grande sobre la pequeña, permitía que el sistema regional en su conjunto fuera más eficiente, resiliente y capaz de gestionar las complejas realidades políticas y económicas de una zona fronteriza.

2. Las familias eran las auténticas "multinacionales"

El verdadero tejido que unía a estas ciudades no eran los decretos reales ni las rutas comerciales, sino las poderosas redes de parentesco de las familias de élite. Estos linajes operaban más allá de las murallas, tejiendo una red de influencia política, económica e intelectual que abarcaba todo el reino.

Un caso paradigmático es el de los Portella de Tarazona. Muça de Portella, originario de esta ciudad, ascendió bajo el reinado de Pedro III el Grande de administrador local a gestor de las finanzas de la Corona. Su poder no era solo local; se le encomendó la administración de bailías y merinatos estratégicos en la frontera y la gestión de rentas en el Reino de Valencia. De forma crucial, gestionaba las fortificaciones fronterizas, una preocupación vital para la seguridad de la metrópolis de Calatayud frente a Castilla, enlazando directamente el destino administrativo de Tarazona con la supervivencia física de su vecina.

Si los Portella representaban el poder político, los Alconstantini de Calatayud ejemplifican la movilidad del "capital humano". Este linaje bilbilitano dispersó a sus miembros por la red, llevando su conocimiento donde era necesario. Salomón Alconstantini, un prestigioso médico de la familia, ejerció en Tarazona. Su profesión le otorgaba una movilidad excepcional y un acceso privilegiado a las autoridades cristianas, demostrando el trasvase de profesionales de élite entre ambas aljamas.

La importancia de estas redes familiares era tal que definían la estructura de poder de la época, como lo resume una idea clave extraída de los estudios históricos:

Un mismo linaje podía tener alcaides en Tarazona, prestamistas en Calatayud y rabinos en Zaragoza, actuando como una corporación familiar multi-sede.

3. La guerra que no solo destruyó, sino que forjó una alianza

La Guerra de los Dos Pedros (1356-1369) fue un conflicto devastador para Aragón y Castilla. Tarazona y Calatayud, situadas en primera línea de frente, sufrieron asedios y saqueos brutales. Sus juderías, habitualmente ubicadas cerca de las murallas para obtener protección real, se convirtieron paradójicamente en las zonas más expuestas a la destrucción.

Sin embargo, el resultado de esta catástrofe fue contraintuitivo: la guerra forzó una cohesión traumática. La destrucción provocó un éxodo masivo de familias judías de ambas ciudades hacia el interior del reino. Judíos bilbilitanos como Mosse Almecavit se establecieron temporalmente en Huesca, donde la Corona tuvo que emitir salvoconductos para gestionar este flujo de desplazados. Este movimiento probablemente fue facilitado por la activación de la red familiar preexistente, como los lazos que los Alconstantini mantenían en Huesca, demostrando cómo el sistema de parentesco funcionaba como una red de seguridad en tiempos de crisis.

De este modo, una catástrofe compartida reforzó su identidad común. La vecindad se transformó en una alianza de supervivencia, cimentada en la experiencia compartida del exilio y la necesidad mutua de apoyarse para la reconstrucción una vez terminada la guerra.

4. La lucha de clases era idéntica (y las soluciones también)

La vida dentro de las aljamas no era un remanso de paz. Tanto en Tarazona como en Calatayud existían profundas tensiones sociales entre una oligarquía de ricos financieros (la "Mano Mayor") y la base de artesanos y pequeños comerciantes como carniceros, tejedores y menestrales (la "Mano Menor"). Lo fascinante es que las innovaciones políticas para resolver este conflicto se propagaron a través de su red.

Calatayud fue pionera. En 1342, la Mano Menor se organizó y se rebeló contra el control de la élite, logrando que la Corona reconociera su derecho a participar en el gobierno de la aljama. Este fue un precedente legal de enorme importancia.

Décadas después, este modelo llegó a Tarazona. En sus ordenanzas de 1420, la aljama turiasonense implementó un sistema de cuotas para repartir los cargos de gobierno entre las tres "manos" (Mayor, Mediana y Menor). Esta reforma era un eco directo de las luchas y soluciones ya desarrolladas en Calatayud, demostrando que la red no solo transportaba mercancías y personas, sino también ideas y modelos de gobernanza para resolver problemas sociales idénticos.

5. La increíble historia de Sol: una mujer que usó la red para defender su libertad

A veces, la mejor forma de entender la Historia es a través de una historia personal. El caso de Sol de Almalí es un testimonio poderoso de cómo una mujer activó magistralmente la red interurbana para defender su identidad.

La vida de Sol se vio truncada por las violentas persecuciones antijudías de 1391. Su marido, Acah Galup, se convirtió al cristianismo para salvarse, adoptando el nombre de Juan Sánchez de Calatayud, un detalle que personaliza y conecta su drama directamente con el eje de nuestro relato. Pero Sol tomó una decisión de inmensa valentía: se negó a apostatar y se divorció de él.

Su siguiente movimiento fue una jugada estratégica brillante. Se trasladó a Tarazona. ¿Por qué allí? Porque el obispo local había declarado una "concordia" que ofrecía cierta seguridad a los judíos que permanecían fieles a su fe. No fue una huida al azar, sino una elección calculada. Desde allí, Sol activó los nodos de su red: usó a notarios en Tarazona para nombrar apoderados en Zaragoza y proteger sus bienes de su exmarido, que se encontraba en el nodo ahora comprometido de Calatayud.

Su historia ilustra a la perfección cómo la red no era solo para los grandes negocios, sino una herramienta vital para la supervivencia personal, la defensa de la libertad de conciencia y la afirmación de la identidad femenina en los momentos más oscuros.

Conclusión: Un Legado de Interdependencia

La historia de los judíos de Tarazona y Calatayud no puede entenderse de forma aislada. Su relación fue un complejo sistema de interdependencia asimétrica, de especialización funcional y de resiliencia en red. Calatayud aportaba la masa demográfica y el poder político; Tarazona, la especialización fronteriza y administrativa. Las familias actuaban como el pegamento que unía el sistema, mientras que las crisis, lejos de separarlas, reforzaban sus lazos.

Su mundo desapareció abruptamente en 1492 con el Edicto de Expulsión, pero la historia de su tenaz red de supervivencia nos deja una pregunta fundamental: ¿cuánto de nuestra propia resiliencia social hoy en día depende de las conexiones invisibles que mantenemos más allá de nuestras 'murallas' locales?