
Queridos hermanos el Evangelio del día de hoy tomado de Mc 1, 21-28 nos invita a contemplar la Persona de Jesús, junto con sus actitudes y su forma de predicar, el cual lo hace con autoridad. Hoy aprenderemos 3 cosas: no es lo mismo el poder que la autoridad; la autoridad de Jesús provenía de su manera de vivir, es decir, de su testimonio de vida; y que Jesús viene a liberarnos de todas nuestras esclavitudes.
No hay otro camino para llegar a la santidad que el camino de Jesús, dejarnos cautivar por su Palabra, transformar por su gracia y guiar por su ejemplo. Lo primero que quiero que reflexionemos es que no es lo mismo el poder que la autoridad. El poder nace siempre de la necesidad de tener más para ser más ante los demás, mientras que la autoridad reconoce humildemente lo que se es para ponerlo al servicio de los demás; el poder se expresa en fuerza, mientras que la autoridad en ejemplo y autenticidad; el poder se arrebata por la fuerza; mientras que la autoridad es conferida por la comunidad; el que tiene poder se impone, mientras que el que el que tiene autoridad se acepta voluntariamente por los demás; el que tiene poder inspira temor y terror, mientras que el que tiene autoridad inspira respeto y confianza; finalmente, el que tiene poder en la práctica intimida para forzar a los demás a actuar, mientras que la autoridad es el arte de conseguir que los demás hagan las cosas por decisión personal.