
Mientras en Sudán y Sudán del Sur: dos guerras que reconfiguran el tablero geopolítico del noreste africano
de RUSCA con AMOR
La visita del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, a Sudán dejó al descubierto un país desgarrado por una guerra que ha adquirido una dimensión total. Desde Port Sudan hasta el Estado del Norte, Türk escuchó testimonios que evocan las peores atrocidades de las guerras contemporáneas: violencia sexual sistemática, ejecuciones sumarias, desapariciones, torturas, saqueos y hambruna inducida. La ofensiva de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) sobre El Fasher, en Darfur del Norte, no es un episodio aislado, sino la manifestación de una estrategia de control territorial basada en el terror y la destrucción de la vida civil.
La guerra sudanesa ya no enfrenta únicamente a las RSF y a las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF). Se ha convertido en un conflicto de múltiples capas, donde milicias locales, redes criminales, actores económicos y potencias regionales intervienen directa o indirectamente. La caída de Omar al-Bashir en 2019 abrió un vacío de poder que rápidamente fue ocupado por facciones militares rivales, cada una respaldada por aliados externos con intereses estratégicos en el país. Emiratos Árabes Unidos ha sido señalado por su apoyo material a las RSF, interesadas en controlar rutas comerciales y yacimientos de oro. Egipto respalda a las SAF para evitar un colapso que desestabilice su frontera sur y afecte su seguridad hídrica. Rusia, a través de redes vinculadas al antiguo Grupo Wagner, busca acceso a recursos minerales y posiciones estratégicas en el Mar Rojo. Arabia Saudita, por su parte, intenta mantener un equilibrio que proteja sus rutas marítimas y su influencia regional.
En este contexto, los ataques contra infraestructuras esenciales, como la central hidroeléctrica de Merowe, adquieren un significado geopolítico. No se trata únicamente de debilitar al adversario militar, sino de destruir la capacidad del Estado para funcionar, fragmentando aún más el territorio y abriendo espacio para la intervención de actores externos. La guerra sudanesa se ha convertido en un conflicto por delegación, donde las potencias regionales utilizan a las facciones locales como instrumentos para avanzar sus propios intereses estratégicos.