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María cuando aprendo a confiar cada día
Hay una tendencia muy humana: el corazón se adelanta. Se va al mañana, a lo que teme, a lo que espera. Y mientras tanto, el presente queda vacío.
En este Día 30 volvemos al lugar donde Dios está actuando: el hoy. Meditamos el maná del desierto (Éxodo 16,4), ese pan que Dios envía cada día, ni más ni menos, porque no solo quería alimentar a su pueblo, quería enseñarle a confiar. Hay cosas que no se acumulan, se reciben. La paz. La gracia. La dirección.
María nos muestra otra forma de caminar: no vive acumulando certezas, vive recibiendo. Recibe la palabra, recibe el proceso, recibe el tiempo. Y camina, día a día, sin violentar el ritmo de Dios.
A tres días de cerrar esta consagración, este es un día para soltar el mañana y aprender la paz sencilla de quien confía. No espectacular. Pero real.
Hay una tendencia muy humana: el corazón se adelanta. Se va al mañana, a lo que teme, a lo que espera. Y mientras tanto, el presente queda vacío.
En este Día 30 volvemos al lugar donde Dios está actuando: el hoy. Meditamos el maná del desierto (Éxodo 16,4), ese pan que Dios envía cada día, ni más ni menos, porque no solo quería alimentar a su pueblo, quería enseñarle a confiar. Hay cosas que no se acumulan, se reciben. La paz. La gracia. La dirección.
María nos muestra otra forma de caminar: no vive acumulando certezas, vive recibiendo. Recibe la palabra, recibe el proceso, recibe el tiempo. Y camina, día a día, sin violentar el ritmo de Dios.
A tres días de cerrar esta consagración, este es un día para soltar el mañana y aprender la paz sencilla de quien confía. No espectacular. Pero real.