¿Alguna vez te lastimó alguien que debía cuidarte?
Hay heridas que duelen más porque vienen de personas en quienes confiábamos. Alguien que prometió quedarse, pero se fue. Alguien que debía protegerte, pero terminó lastimándote.
En Jeremías 23:3-6, Dios promete reunir a sus ovejas dispersas, devolverlas a un lugar seguro y restaurarlas.
Y hay algo hermoso: Dios no comienza culpando a las ovejas por haberse dispersado. Primero confronta a quienes debían cuidarlas.
Que alguien haya tenido autoridad sobre tu vida no significa que haya tenido razón en la manera de tratarte.
Quizá todavía esperas una disculpa, una explicación o que alguien reconozca cuánto te lastimó.
Pero escucha esto: tu sanidad no tiene que depender del arrepentimiento de quien te hirió.
Dios vio lo que pasó. Conoce tu historia y sabe cómo encontrarte.
No permitas que el lugar donde alguien te dejó se convierta en el lugar donde decidas quedarte.
Quien te dejó decidió dónde terminaba su participación en tu historia, pero no pudo decidir dónde termina el propósito de Dios para tu vida.
Puedes haber perdido de vista el camino, pero Dios nunca perdió de vista tu vida.
Las lecturas son:
Jeremías 22:1 - 23:20
2 Tesalonicenses 1:1-12
Salmo 83:1-18
Proverbios 25:11-14
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