< Proverbios 5

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[1] Hijo mío, está atento a mi sabiduría, Y a mi inteligencia inclina tu oído,
[2] Para que guardes consejo, Y tus labios conserven la ciencia.
[3] Porque los labios de la mujer extraña destilan miel, Y su paladar es más blando que el aceite;
[4] Mas su fin es amargo como el ajenjo, Agudo como espada de dos filos.
[5] Sus pies descienden a la muerte; Sus pasos conducen al Seol.
[6] Sus caminos son inestables; no los conocerás, Si no considerares el camino de vida.
[7] Ahora pues, hijos, oídme, Y no os apartéis de las razones de mi boca.
[8] Aleja de ella tu camino, Y no te acerques a la puerta de su casa;
[9] Para que no des a los extraños tu honor, Y tus años al cruel;
[10] No sea que extraños se sacien de tu fuerza, Y tus trabajos estén en casa del extraño;
[11] Y gimas al final, Cuando se consuma tu carne y tu cuerpo,
[12] Y digas: ¡Cómo aborrecí el consejo, Y mi corazón menospreció la reprensión;
[13] No oí la voz de los que me instruían, Y a los que me enseñaban no incliné mi oído!
[14] Casi en todo mal he estado, En medio de la sociedad y de la congregación.
[15] Bebe el agua de tu misma cisterna, Y los raudales de tu propio pozo.
[16] ¿Se derramarán tus fuentes por las calles, Y tus corrientes de aguas por las plazas?
[17] Sean para ti solo, Y no para los extraños contigo.
[18] Sea bendito tu manantial, Y alégrate con la mujer de tu juventud,
[19] Como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, Y en su amor recréate siempre.
[20] ¿Y por qué, hijo mío, andarás ciego con la mujer ajena, Y abrazarás el seno de la extraña?
[21] Porque los caminos del hombre están ante los ojos de Jehová, Y él considera todas sus veredas.
[22] Prenderán al impío sus propias iniquidades, Y retenido será con las cuerdas de su pecado.
[23] Él morirá por falta de corrección, Y errará por lo inmenso de su locura.